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Rimuski se iba gestando en distintos workshops que realizamos en diversas ciudades del mundo. En cada ciudad contactábamos con un grupo de taxistas que se prestaba a hacer una guía turística de su ciudad. Rimuski era el nombre que le damos a la ciudad de ciudades que se fue dibujando en los diversos lugares en los que estuvimos. Era un proyecto que requería un período de pre-producción para la localización y entrenamiento de los actores y la escenografía y el equipo técnico se adaptaba a cada ciudad. 

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Los dos últimos episodios del proyecto fueron en Viena (Wiener Festwochen) y Barcelona (Festival Grec). Para esta ocasión desarrollamos un protocolo técnico que nos permitía seguir a los taxistas vía GPS. Así podían seguir trabajando mientras participaban en el espectáculo lo que permitía mantener a los actores en sus trabajos que, al fin y al cabo, era lo que nos interesaba. 

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TAXISTAS, CARTÓGRAFOS:

Durante la dictadura el régimen franquista recompensaba ciertas afinidades con licencias de taxi. Muchos taxistas eran “observadores de cercanía” que, en complicidad con la policía, informaban de los movimientos de aquellos que vivían en la frontera de lo permitido. Su oficio les permitía estar al corriente de los lugares más frecuentados por muy clandestinos que éstos fueran. Cuando mi padre se reunía con sus compañeros activistas siempre se bajaba del taxi 2 o 3 manzanas antes y seguía un buen trecho a pie. También recuerdo que, en cierta esquina, había un hombre con un periódico bajo el brazo. Si lo estaba leyendo significaba que había problemas y se suspendía la reunión, si lo tenía bajo el brazo la reunión se celebraba. En esa época, hablar con taxistas no era una tarea tan inofensiva como me parece a mí ahora. Detrás de cada conversación habían intereses muy bien delimitados.

Alrededor de la terraza de un pequeño bar del Cairo se reúnen cada noche algunos hombres que hace años que se conocen. Cada mes ponen en una caja una suma de dinero previamente pactada. Al cabo del año en esa caja hay dinero suficiente como para comprar un pequeño coche, abrir un negocio o hacer obras en una casa. En siete años, le tocará a Mustafá tomar ese dinero para comprarse un nuevo taxi. Hasta entonces tendrá que aguantar con el que tiene. Antes había trabajado como contable en una empresa de Alejandría, luego como camionero entre Bagdad y el Cairo, y hace 15 años consiguió un coche y empezó a trabajar de taxista. Desde hace unos años, el ayuntamiento de la ciudad quiere limitar el número de licencias, serán considerados ilegales todos aquellos taxis que no tengan aire acondicionado y un mínimo confort. Mustafá se echa las manos a la cabeza cuando habla del gobierno de su país y, al mismo tiempo, ahorra junto con sus colegas para intentar comprarse un nuevo vehículo.

En Lisboa un taxista había aparecido muerto con la mano dentro de la boca. La noticia había salido en todos los periódicos sin esos macabros detalles que circulaban entre sus compañeros. La mano era una señal que advertía de que la víctima había hablado demasiado. Algunos taxistas redondeaban los ingresos diarios haciendo de correo para pequeños traficantes y, en algunos casos, incluso participaban de una parte del negocio. Su posición ambigua entre la policía y los delincuentes provocaba a veces situaciones dramáticas. Nadie lo comentaba en voz alta pero todos lo sabían.

Vladímir es el presidente de la mayor compañía de taxis de Moscú. Tiene 2500 taxis repartidos en dos grandes edificios de las afueras de la ciudad. Al fondo de un largo pasillo forrado de madera estaba la pequeña puerta de su secretaria. Y, más allá, un gran despacho cubierto de insignias y banderines de la compañía. Estaba siempre trabajando. Nos recibía tanto a las nueve de la mañana como a las doce de la noche. Le gustaba practicar el español porque tenía algunos negocios en España y veraneaba en Alicante. Estaba a punto de comprar una furgoneta-taxi que era como una pequeña unidad móvil de televisión. Al salir del edificio se acercaba a algunos taxistas para olerles el aliento y asegurarse de que no hubieran estado bebiendo. La última noche fuimos a cenar a un fast-food del centro de la ciudad. Al salir estaba intranquilo mirando a derecha e izquierda. Decía, soy un hombre rico pero cualquier día alguien de la competencia se cansa de mí y no sé lo que puede hacer.

En Rabat hay grandes y pequeños taxis. Cada uno tiene sus propias tarifas. Los grandes son usados por la gente adinerada y por los turistas y los pequeños se utilizan como pequeños autobuses que la gente comparte y paga colectivamente. Incluso está mal visto sentarse en los asientos traseros de un taxi si se es el primer viajero en entrar. Hay que estar cerca del conductor y mantener una conversación. En Rabat dicen que las licencias de los taxis grandes se distribuyen entre los allegados al régimen, como en la España franquista. Las licencias de los taxis pequeños, en cambio, se pueden conseguir si se tiene alguna influencia en la administración.

El objetivo de este proyecto no es hacer un retrato sociológico de los taxistas sino crear un mapa de la ciudad. Un mapa cambiante construido a partir de los relatos de unos taxistas que se convierten por unas horas en cartógrafos. En lugar de mirar la ciudad a través del callejero, la guía de autobuses o el bus turístico, la reseguimos a través de las diferentes ficciones que nos ofrecen aquellas personas que hace años que recorren sus calles. Es una representación subjetiva y cambiante que, sin embargo, como cualquier mapa, muestra una “capa” muy precisa de la ciudad.

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FICHA ARTÍSTICA (BARCELONA): De Roger Bernat en col·laboració amb Luz Verde (Joves Taxistes de Barcelona) Un projecte de Roger Bernat i Ignasi Duarte. Intèrprets: K-082 (Carlos Lancharro), K-212 (José Luís González), K-129 (José Manuel Aguilera) i K-060 (Juan Manuel Caro). Direcció i dramatúrgia: Roger Bernat; Videos i direcció tècnica: Txalo Toloza; Escenografia: Max Glaenzel i Estel Cristià; Construcció: Xarli. Producció executiva: Anabel Labrador. Agraïments: Lourdes Alegret Co-productors Wiener Festwochen (Viena), Festival Grec’08 i Elèctrica Produccions. Participació Instituto Cervantes i Dirección General de Cooperación Cultural. Amb la col.laboració de Seefoundation i Associació El-Nahda (El Caire); ZDB (Lisboa); Teatr.Doc. i New Drama Festival (Moscou); Fondation Orient-Occident i ISADAC (Rabat) i Hangar (Barcelona). Patrocini editorial: Fundación ICO. Espectacle en Català i Castellà. Duració variable.

 

FICHA TÉCNICA (VIENA):

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